Pbro. Lic. Joel de J. Núñez F. | @padrejoel95 /
Estamos
acercándonos al final del año litúrgico y a la celebración del tiempo de
adviento y por eso, las lecturas nos hablan de los últimos tiempos, de la
segunda venida del Señor. Bajo este tono está el evangelio que hoy se nos
propone para nuestra meditación: la parábola de los talentos. Esta parábola
está dirigida al Pueblo de Dios, a los cristianos que aguardan la segunda
venida del Señor; es una invitación para la vigilancia productiva; es decir,
estar atentos al regreso de Cristo, pero sin permanecer pasivos o cruzados de
brazos, sino al contrario, atentos en el amor. El cristiano, el discípulo-misionero de Cristo necesita tener su corazón centrado
en su Dios y Salvador; saber esperar su retorno, pero mientras eso sucede se
sostiene en la fe y en los sacramentos dejados por Él mismo, sobre todo el de
la Eucaristía y además, se ejercita en el servicio, en la caridad;
especialmente con los más necesitados de la sociedad, se compromete a trabajar
por la paz, por la justicia, por el progreso y la verdad. El buen cristiano es
aquel que sabiéndose bendecido por Dios, primeramente, con el don de la vida y
luego por dones especiales que descubre en su existencia, los pone a la
disposición de la comunidad de fe, hace que la Iglesia progrese, que la Comunidad
cristiana avance y se extienda el mensaje de la salvación para todos los
hombres. El mal cristiano es aquel que no sabe reconocer los dones de Dios en
su vida, cae en la pasividad, el pesimismo, no le importa si su Iglesia avanza
o se detiene, si cumple su misión o no; siempre es negativo y cree que con sólo
estar bautizado es suficiente para salvarse. Valdría la pena que cada uno de
nosotros que conformamos la Iglesia Católica nos preguntáramos ¿qué talento
tengo yo en mi vida? ¿Qué dones me ha regalado Dios que puedo poner a
disposición de mis hermanos en la fe y de la sociedad donde vivo? Estoy seguro,
que cada uno tiene su talento y Dios quiere que lo pongamos a producir como los
dos primeros hombres de la parábola y no como el insensato que fue flojo y no
correspondió a lo que Dios le había donado. Por eso, al final de nuestra
existencia Dios mismo nos pedirá cuentas de lo que hicimos con nuestra vida,
con los talentos que Él nos regaló. Dios nos ha dado la vida, la familia, una
carrera, un trabajo, la inteligencia, el don de la palabra, de la risa, del
consejo, del servicio, de la amistad, de la música, del arte, de un oficio
especial, de la educación, de algo que caracteriza a nuestra personalidad y
hace bien a los demás. Somos muy ricos en talentos y esto hay que ponerlo a
producir para el bien de todos.
La
Iglesia conformada por todos los bautizados (pastores y fieles) debe poner a
funcionar los dones recibidos de Dios; sabiendo que Dios premia la fidelidad de
quien corresponde a su amor. Así se debe entender lo que dice el evangelio de
hoy: “Al que tiene se le dará, y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará
hasta lo que tiene”. En nuestra vida diaria al que es responsable, trabajador,
que sabe producir; se le confía y se le da más, sabiendo que se destaca en su
trabajo. En cambio, al flojo, al descuidado, se le da menos y llega el momento
que se le quita todo. Se condena, por tanto, el pecado de omisión; el que
sabiendo que puede hacer más o lo que se necesita hacer, hace poco o no hace nada.
Los
tiempos actuales para la Iglesia, para nuestra sociedad venezolana y para el
mundo entero exigen cristianos decididos, proactivos, dinámicos, trabajadores y
no es momento para la dejadez, el pesimismo o la derrota.
IDA
Y RETORNO: Necesitamos orar con fe y perseverancia por Venezuela. No es secreto
para nadie los momentos difíciles que estamos viviendo. Como cristianos
católicos necesitamos mantener la fe, la esperanza y la caridad y pedir al
Señor que bendiga a nuestra patria con progreso, justicia, libertad paz y
unidad entre todos los venezolanos. Estemos seguros que cuando nos podemos a
orar juntos por una causa común, Dios no deja de atender nuestras súplicas.
Pidamos que el mal sea vencido y que venga su Reino entre nosotros; que podamos
superar la crisis generalizada que afrontamos en nuestro país y podamos
reencontrarnos en paz.

