Por Rafael Marrón González @RafaelMarronG /
Andrés Eloy Blanco solía decir que Bolívar
era oceánico, pues servía para todo, y hasta el propio Bolívar se quejaba de que
su nombre era invocado para el bien y para el mal en Colombia. Una vez
entronizado en la psiquis colectiva como símbolo de unidad del pueblo
venezolano, porque esa unidad traduce que solo puede querer el bien para los
venezolanos, Bolívar se convirtió en argumento político para, a falta de
sinceridad y planificación, demostrar solidaridad con la masa que ha convertido
a Bolívar figura del santoral pagano. Una suerte de palabra mágica que abría
las puertas de Miraflores, lo que llegó al cénit con la demagogia chavista al
convertir a Bolívar en adjetivo para el nombre de la República, asegurando así
que cualquier dislate político de la pandilla gobernante, estuviera amparado
por un supuesto bolivarianismo, obviando olímpicamente que:
Toda forma de tiranía
es antibolivariana
Bolívar estaba
convencido de que los dos grandes enemigos de todo Estado de Derecho, es decir
de la nación libre, eran, la tiranía (el caudillo providencial que
se coloca por encima de las leyes, sustentado por la Fuerza Armada o por una
muchedumbre desclasada y aclamacionista, que llamamos turbamulta, sustituta de
la sociedad civil) y la anarquía (un pueblo ciego estimulado en su
resentimiento social que pugna por la impunidad). Como gobernante,
Bolívar auspiciaba la voz de la oposición y declaraba: ¨El que manda debe oír aunque sean las más
duras verdades, y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir
los males que producen los errores¨, y aún más, decía que solo los hombres honrados debían fijar la opinión
pública porque: ¨No conviene que la opinión y la fuerza estén en las mismas
manos y que toda la fuerza esté concentrada en el gobierno¨.
Sobre esto último hay que recordar la diferencia entre opinión y pensamiento,
porque la primera proviene de estímulos emocionales externos y el segundo del
análisis, la evaluación y la interpretación de la realidad.
Populismo y demagogia,
degradaciones antibolivarianas
Bolívar como líder
civil despreciaba la demagogia y el populismo hasta el grado de situarse tan
firmemente al lado de la autoridad que se podría llegar a dudar de su vocación
democrática sino se estuviera consciente de la calidad del pueblo que le
tocó en suerte, y como líder militar conocía profundamente la
diferencia entre la obediencia y la disciplina aplicadas al ejército como
bases inexorables de su estructura, y su transcripción al mundo civil basado en
el disenso, la protesta, la tolerancia y la libertad, lo que establece definitivamente
su rotunda separación con el militarismo. Para mayor honor de nuestra patria
los únicos tres soldados de la Independencia del Continente Meridional
que se declararon públicamente antimilitaristas, fueron venezolanos: Simón
Bolívar, Antonio José de Sucre (acérrimo crítico del partido militar) y José
Francisco Bermúdez (quien, finalizada la guerra, devolvió sus preseas de
general en jefe al Congreso, pues “había llegado la hora de los civiles”).
El nacionalismo es
antibolivariano
Bolívar tampoco
fue un nacionalista en el sentido reduccionista de la definición, recuérdese
que aceptó se estableciera la capital política de Venezuela en Bogotá, pero si
fue americanista en cuanto a su visión de una Comunidad de Naciones
Hispanoamericanas como contrapeso político y económico ante el poder
anglosajón, americano del Norte y europeo. Sin embargo, y en contradicción con
lo anterior, pensaba seriamente en convertir esta parte de América en un
protectorado inglés, recogido en su diseño de su
Liga de Naciones americanas, a discutir en el fracasado Congreso Anfictiónico
de Panamá, porque allí propone colocar a los países federados bajo la
protección de Inglaterra, para, en principio, disuadir a España de un
posible intento de reconquista, pero con carácter interventor porque
afirma que la reforma social se alcanzaría bajo los auspicios de la libertad y
de la paz, ¨pero la Inglaterra
debería tomar necesariamente en sus manos el fiel de esta balanza¨. Al respecto Bolívar le planteó
a Santander la idea de establecer este protectorado británico, y le escribió
desde el Cuzco, el 28 de junio de 1825: ¨Mil veces he intentado escribir a
usted sobre un negocio arduo y es que nuestra federación americana no puede
subsistir, si no le toma bajo su protección la Inglaterra; por lo mismo no sé
si sería muy conveniente si la convidásemos a una alianza defensiva y ofensiva.
Esta alianza no tiene más que un inconveniente y es el de los compromisos en
que nos puede meter la política inglesa; pero este inconveniente es eventual y
quizá remoto. Yo le opongo a este inconveniente esta reflexión: ¨La existencia
es el primer bien y el segundo es el modo de existir¨. Y así como en el
Congreso de Angostura insistió en que los legisladores buscaran inspiración en
el sistema político inglés, en esta ocasión inserta un punto en el que
establece, para convencer a la nación anglosajona de convertirse en Miembro
Constituyente de la Liga: ¨...que Gran Bretaña alcanzaría ventajas
considerables con este arreglo¨, y las enumera: ¨... 2) La América le serviría
como de un opulento dominio del comercio. 4) Los ingleses se considerarían
iguales a los ciudadanos de América. 6)
El carácter británico y sus costumbres las tomarían los americanos por los
objetos normales de su existencia futura¨. Criticable posición, pero justificada por la hora que le tocó vivir,
sin embargo bien alejada de la indignidad de someter la patria a la vejación de
un tutelaje cubano en lo político y militar, y chino y ruso en lo
económico.
El militarismo es antibolivariano
En su concepción
republicana, civilista y democrática establecía para las Fuerzas Armadas un
destino manifiesto subordinado al poder civil: ¨El destino del ejército es
guarnecer la frontera. ¡Dios nos preserve de que vuelva sus armas contra los
ciudadanos! (...) Un militar no tiene virtualmente que
meterse sino en el ministerio de sus armas.
(...) Es insoportable el espíritu militar en el mando civil¨.
Y el 2 de enero de 1814 en su discurso a la Asamblea celebrada en Caracas, en la
Iglesia del Convento de Religiosos Franciscanos, enfatiza: ¨Un soldado feliz no
adquiere ningún derecho para mandar a su patria. No es el árbitro de las leyes
ni del gobierno, es el defensor de su libertad¨.
La inseguridad personal y jurídica es antibolivariana
En su Constitución de Bolivia garantiza los
elementos fundamentales para el desarrollo de la sociedad, tocando someramente
lo que hoy llamamos Derechos Humanos: ¨... Se han establecido las garantías más
perfectas: la libertad civil es la verdadera libertad; las demás son nominales,
o de poca influencia con respecto a los ciudadanos. Se ha garantido la seguridad personal, que es el fin de la
sociedad, y de cual emanan las demás¨. Fíjense en el detalle sobre las
garantías a la seguridad personal, lo que determina que la inseguridad que
sufrimos los venezolanos, también es antibolivariana, y en Angostura fija su
posición sobre la debida responsabilidad que el Estado adquiere de brindar
seguridad a la colectividad: ¨La seguridad consiste en la garantía y protección que la sociedad
concede a cada uno de sus miembros para la conservación de su persona, derechos
y propiedades¨.
La violación a la
libertad de expresión es antibolivariana
Aunque amparado con
su nombre, el partido militar cometiera toda suerte de excesos contra la
libertad de expresión, Bolívar la defendía firmemente, y al respecto expresó en
Angostura, en 1819: ¨El derecho de expresar sus pensamientos y opiniones de
palabra, por escrito, o de cualquier otro modo, es el primero y más inestimable
don de la naturaleza. Ni aun la ley misma podrá jamás
prohibirlo, y solo podrá
señalarle justos términos haciendo responsable de sus escritos y palabras, y
aplicando penas proporcionadas a los que lo ejercieren licenciosamente en
perjuicio de la tranquilidad pública, de la vida, honor, estimación y propiedad
de cualquier ciudadano¨. Y en cuanto al ejercicio del periodismo, bajo
su influjo se fundaron, desde 1821 hasta 1825, además del Correo del Orinoco,
fundado en Angostura el 27 de junio de 1818, El Pacificador del Perú, La
Gazeta del Gobierno de Lima Independiente, El Correo de Bogotá, La Gazeta
del Gobierno, El Centinela en Campaña, La Estrella de Ayacucho, El Observador,
y El Peruano, fundado el 25 de octubre de 1825 que circula todavía y cuyo primer
editor fue Tomás de Heres.
La unicameralidad
es antibolivariana
“Los Congresos modernos, me dirán, se
han compuesto de solas dos secciones. Es porque en Inglaterra, que han servido
de modelo, la nobleza y el pueblo debían representarse en dos Cámaras; y si en
Norte América se hizo lo mismo sin haber nobleza, puedo suponerse que la
costumbre de estar bajo el Gobierno inglés, le inspiró esta imitación. El hecho
es, que dos cuerpos deliberantes deben combatir perpetuamente; y
por esto Sieyes no quería más que uno. Clásico absurdo”. La ignorancia que
aprobó con su voto la Constitución de 1999, eliminó la Cámara de senadores, lo
que conspira contra el bienestar de las regiones, porque los diputados son
nacionales y tienen que anteponer el bien nacional así se perjudique su
región.
Atentar contra la propiedad privada es
antibolivariano
Fue enfático al definir en Angostura su concepto de
la Propiedad Privada: ¨La propiedad es el derecho de gozar y disponer
libremente de sus bienes del fruto de sus talentos, industria o trabajo¨. Y en
Bolivia vuelve a tocar el tema: ¨En cuanto a la propiedad, ella depende
del código civil que vuestra sabiduría debiera componer luego, para la dicha de
vuestros conciudadanos¨. Continuará.

