Por Rafael Marrón González @RafaelMarronG /
Nuestro Libertador
fue un hombre extraordinario, y merece nuestra admiración y respeto
eterno, pero fue un hombre del siglo XIX, cuyas ideas estaban
dirigidas a una muy específica realidad, totalmente diferente y hasta
antagónica con la portentosa realidad tecnológica y científica de hoy, en el
que la mundialización de las comunicaciones ha establecido un nuevo orden
global que es imposible ignorar. Pero por eso mismo, tampoco es
procedente pretender juzgar su posición política desde la óptica de nuestra
modernidad, porque además de injusto, igualmente lo estaríamos sacando de
contexto. Conocer sus aciertos, errores y contradicciones humaniza su
imagen fortalece nuestro respeto y admiración. No era un dios ni poseía
poderes mágicos. Simplemente era un ser humano con debilidades y fortalezas,
pero de mentalidad plural, con la voluntad de ser por el hacer, con la
persistencia capaz de transmutar el pensamiento en acción y para quien la
utopía era simplemente realidad potencial.
Un gobierno justo para todos
Para Bolívar el
gobierno debía ser ¨...eminentemente popular, eminentemente justo,
eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un Gobierno que haga reinar la inocencia, la
humanidad y la paz. Un Gobierno que haga triunfar bajo el imperio de leyes
inexorables, la igualdad y la libertad¨.
No existe una propuesta económica desarrollista de Bolívar
También se le
reclamaría hoy su excesiva preocupación por los fundamentos políticos de la
vida de las repúblicas bolivarianas y su escasa visión de los factores
económicos. Nunca reconoció que la revolución política debía ir a la par de una
revolución económica que permitiera la viabilidad de su proyecto
independentista. Pero esa es la diferencia fundamental entre el
romanticismo del siglo XIX y el pragmatismo moderno, y Bolívar, insisto, era
íntegramente un hombre del siglo XIX. Aunque en la vida republicana de
Venezuela, después de la propuesta bolivariana, única y última propuesta
geopolítica en América Latina, se han suscitado, desde 1831 hasta
nuestros días, dieciséis ¨revoluciones¨ políticas que no han
producido el menor bienestar para su pueblo, sin que sus líderes o caudillos
hayan comprendido que la única revolución posible para el progreso por
desarrollo de los pueblos es la revolución económica que inserte al pueblo al
proceso productivo a través del estudio y el trabajo creativo.
La política
internacional bolivariana
Y en cuanto a las
estrategias geopolíticas para lograr insertar el territorio continental
correspondiente a la América Meridional como interlocutor válido en el juego de
poderes en pugna, Bolívar diseña una Federación de Naciones Hispanoamericanas,
con Sur y Centro América, pero bajo la protección de la Gran Bretaña,
para fortalecer el principio de un Continente Americano-español, para
enfrentar con éxito a los Estados Unidos y su denominada "Doctrina
Monroe", ¨América para los americanos¨, con lo que la nación
del norte inicia un paternalismo expansionista infausto bajo la excusa de
ponerle freno a los designios de la Santa Alianza europea (Rusia, Prusia y
Austria) y al creciente expansionismo de Inglaterra. Este pensamiento le
confiere a Bolívar la categoría de líder mundial en la propuesta de una
comunidad de naciones, lo que le fue reconocido en Ginebra en 1918: ¨El
Libertador de Sudamérica no puede seguir siendo considerado solo como
personalidad americana; se ha convertido en una figura universal, en uno de los
fundadores de nuestro mundo¨.
La libertad era su
valor fundamental
Para su soberbia
concepción del hombre, todo se reducía a una sola premisa: La Libertad
(traducida en la administración de la justicia y en el cumplimiento de las
leyes ¨...para que el justo y el débil no teman, y el mérito y la virtud sean
recompensados¨), y por ella, como el Quijote, estaba dispuesto a dar la vida. Y
su preocupación era precisamente que no supiéramos conceder el valor
primordial a esa cualidad del humanismo, y en Angostura expresa: ¿Cómo, después
de haber roto todas las trabas de nuestra antigua opresión podemos hacer la
obra maravillosa de evitar que los restos de nuestros duros hierros no se
cambien en armas liberticidas? Las reliquias de la dominación española
permanecerán largo tiempo antes que lleguemos a anonadarlas; el contagio del
despotismo ha impregnado nuestra atmósfera, y ni el fuego de la guerra, ni el
específico de nuestras saludables leyes han purificado el aire que respiramos.
Nuestras manos ya están libres, y todavía nuestros corazones padecen de las
dolencias de la servidumbre. El hombre, al perder la libertad, decía Homero,
pierde la mitad de su espíritu. Y angustiado, derrotado por su propio
pueblo, filosofaba en su Manifiesto de Carúpano el 7 de septiembre de
1814: ¨No son los hombres vulgares
los que pueden calcular el eminente valor del reino de la libertad¨, lo que hoy en
Venezuela ha quedado exhaustivamente demostrado.
Lo vigente de su
pensamiento político es la democracia
Lo que se mantiene en
vigencia de su pensamiento político, además de su ideario hispanoamericanista,
su posición republicana, aunque hoy las monarquías que subsisten en el mundo
son como Bolívar, símbolos de unidad de sus pueblos, y su defensa a la
libre determinación de los pueblos; es su clara concepción de la democracia
basada en cuatro derechos fundamentales e inalienables, enunciados en
Angostura: ¨La libertad, la
seguridad, la propiedad y la igualdad. La felicidad general consiste en el
perfecto goce de esos derechos¨. Dentro de este ideario republicano,
civilista y democrático Bolívar preconizaba la libertad civil
y de expresión; libertad de conciencia y de religión, (es decir respeto a las
diferencias culturales y religiosas); abolición de los privilegios;
proscripción de la esclavitud; igualdad ante las leyes o igualdad civil sin
igualitarismo (cada cual según sus capacidades); educación gratuita y
obligatoria como prioridad del gobierno (¨...la educación e instrucción
pública son el principio más seguro de la felicidad general y la más sólida
base de la libertad de los pueblos¨); respeto a la propiedad
privada, Fuerzas Armadas subordinadas al poder civil y circunscritas
exclusivamente a la defensa territorial; soberanía del pueblo (aunque
presenta una contradicción con su restricción del voto); separación de la
Iglesia y el Estado; división de los poderes públicos (“Huid del país donde uno
solo ejerza los poderes, es un país de esclavos¨), constituidos por un
poder legislativo independiente, un poder judicial seleccionado por el
pueblo (aunque aprobado por el poder legislativo), un poder electoral
(que elevaría a cuatro los poderes tradicionales).
Unidad, unidad, o la
anarquía os devorará
Para el armónico
desarrollo político de la nación la unidad era su consigna. Por eso la inmensa
diferencia entre el bolivarianismo
histórico que une al pueblo venezolano en torno a sus lealtades comunes,
y el bolivarianismo político que lo divide en subalternas facciones irreconciliables. No se puede
olvidar que Bolívar murió con esta oración en los labios: ¨Sí mi muerte contribuye para que cesen los
partidos y se consolide la unión yo bajaré tranquilo al sepulcro¨. Esta última frase
debe ser asimilada por los líderes políticos de oposición en esta hora tan
crucial para la patria.
Síntesis
del programa político de Bolívar que no nos gusta
1- Centralismo. 2 - Presidencia
vitalicia con derecho a nombrar sucesor. 3- Vicepresidencia vitalicia y
hereditaria. 4- Poder ejecutivo fuerte (en detrimento de los demás poderes). 5-
Poder moral censor. 6- Elecciones limitadas 7- Senado vitalicio y
hereditario.
“He arado en el mar”
(cámbiese “América” por Venezuela)
“… yo he mandado 20
años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1ª La América es
ingobernable para nosotros; 2ª El que sigue una revolución ara en el mar; 3ª La
única cosa que se puede hacer en América es emigrar; 4ª Este país caerá infaliblemente
en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi
imperceptibles, de todos colores y razas; 5ª Devorados por todos los crímenes y
extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos; 6ª Si
fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el
último período de la América".
A Juan José Flores,
Barranquilla 9 de noviembre de 1830
