Ángel Alayón y
Giorgio Cunto /
Eliminar los ceros de la moneda es la prerrogativa de un
gobierno que ha desvanecido el valor del bolívar. Sin embargo, los venezolanos
saben de la inconveniencia de vivir de ilusiones monetarias: la economía no
soporta la ficción. Es por esto que los buenos magos nunca repiten sus trucos.
Nicolás Maduro anunció la segunda reconversión monetaria
en una década. En esta oportunidad, la economía, como hemos explicado
anteriormente en Prodavinci, se encuentra en hiperinflación y bajo un shock de
efectivo. El bolívar dejará de llamarse “fuerte” y pasará a ser “soberano”,
ahora con tres ceros menos. El 4 de junio se sustituirá por completo el cono
monetario con las nuevas denominaciones de monedas y billetes. Vamos a decirlo
rápido: la medida anunciada no tiene ningún efecto sobre las causas del
problema hiperinflacionario que vive el país ni sobre la capacidad de compra de
monedas y billetes. Por otra parte, una reconversión mal ejecutada puede
agravar problemas como la escasez de efectivo y aumentar los costos de
transacción en Venezuela.
La velocidad de
los ceros
La inflación merma el poder adquisitivo real de los
billetes y monedas en circulación. En la medida que suben los precios se
requieren más billetes, y de mayor denominación, para comprar la misma cantidad
de bienes. En una economía hiperinflacionaria como la venezolana, el cono
monetario debe actualizarse con frecuencia para que las piezas mantengan su
capacidad de compra.
Venezuela registra una inflación acumulada de 8.499,54%
desde la introducción del último cono monetario en enero de 2017. Un billete de
20.000 puesto en circulación hace poco más de un año debió tener un valor en
marzo de 2018 de BsF 1.719.908 para preservar su capacidad de compra. Si tomamos
el promedio de inflación mensual de enero y febrero registrado por la Asamblea
Nacional en 2018 (82,10%), y asumimos que se repetirá hasta el lanzamiento de
los bolívares soberanos en junio, el cálculo se vuelve más alarmante: ese mismo
billete de BsF 20.000 debería tener una denominación de Bs. 18.912.317.
Si le aplicamos una “reconversión” a ambos cálculos nos
quedarían 1.720 y 18.912 bolívares soberanos respectivamente. Estas dos cifras
son superiores al billete de Bs.S 500, la denominación más alta del nuevo cono.
En otras palabras, al momento de su entrada en circulación, los bolívares
soberanos no estarán en capacidad de replicar el poder adquisitivo real de los
billetes que los precedieron.
Otra forma de ver el efecto inflacionario sobre una moneda
es el tiempo en el que la inflación hace necesario 3 ceros adicionales para que
una moneda mantenga su poder adquisitivo. Al cono monetario introducido en
2008, le tomó alrededor de 9 años y 8 meses añadir 3 ceros adicionales al
billete de BsF. 100, que debía ser equivalente de BsF. 100.000. ¿Cuánto tiempo
le tomaría al bolívar soberano recuperar esos 3 ceros?
Según la calculadora Prodavinci, estimamos que a una tasa
de inflación mensual de 82,5% (el promedio registrado para lo que va de 2018),
tomaría alrededor de 11,47 meses para que el bolívar soberano requiera de nuevo
3 ceros para mantener su poder adquisitivo. Si la inflación mensual es mayor a
la estimada aquí, el tiempo se recorta.
Nota técnica: Para calcular el tiempo que le
toma a una moneda recuperar tres ceros, se utiliza una versión modificada de la
fórmula tiempo para duplicar comúnmente utilizada en el mundo de las finanzas.
Se divide el logaritmo natural de la proporción por la que aumenta una cantidad
(en este caso 1000) entre el logaritmo natural de 1 más la tasa de cada periodo
del periodo. En este caso la fórmula sería:
Meses = ln(1000)/ln(1+tasa de inflación
mensual)
La cantidad de los
billetes
La reconversión monetaria hará poco por disimular la
inflación. La simplificación de quitarle 3 ceros para hacer cálculos tanto
cognitivos como computacionales no durará mucho.
Venezuela, además de estar bajo hiperinflación, se
enfrenta a una crónica falta de efectivo para realizar transacciones
corrientes. La dificultad de acceder a billetes y monedas es resultado de la
caída de la proporción de efectivo sobre la liquidez monetaria, o la totalidad
de bolívares circulando en la economía. Para finales de diciembre de 2015, antes
de desatarse la crisis del efectivo, esa proporción había llegado al 11,5%.
Para marzo de 2018 la relación entre efectivo y liquidez se acerca a su mínimo
histórico, registrando apenas 3,19%.
Actualmente hay en circulación 15.555 millones de piezas
de billetes en la economía venezolana. La mayoría se encuentra en
denominaciones de bajo valor y obsoletas, como el billete de BsF. 100 que está
en proceso de eliminación desde diciembre de 2016. Una reconversión monetaria
podría ser una oportunidad de rebalancear las proporciones de piezas en manos
del público.
Asumiendo proporciones similares de los billetes emitidos
en enero de 2008, estimamos que harían falta alrededor de 1.847 millones de
piezas de bolívares soberanos para que la proporción de efectivo sobre liquidez
vuelva a ser 10% en junio de 2018. Este número de piezas requeridas es menor a
las 2.336,1 millones de piezas emitidas durante 2017. Sin embargo, para que
estén listas en junio de este año, el Banco Central debe triplicar el ritmo de
emisión mensual que lleva durante los dos primeros meses de 2018, un desafío
económico y operacional. Una reconversión planificada y bien ejecutada pudiera
aliviar el problema de la escasez de efectivo, al menos temporalmente, pero si
no se detiene el proceso inflacionario, los problemas no harán otra cosa sino
agravarse.
Es prudente acotar que para que la crisis del efectivo
tenga una solución duradera, la emisión de nuevos billetes debe seguir el ritmo
de crecimiento de la liquidez; de lo contrario, las dificultades de acceso al
efectivo volverán a ser recurrentes.
No sería la primera vez que se hiciera un anuncio de
materia económica en Venezuela y no se cumpliera. Basta recordar la eliminación
del billete de 100 bolívares que, luego de un año, sigue reinando en nuestro
cono monetario. Hay que esperar los próximos meses para saber cómo avanza el
gobierno con esta decisión. Con unas elecciones convocadas para el 20 de mayo,
este anuncio puede ser más bien una señal a los venezolanos del grado de
seguridad con que el gobierno asume que se mantendrá en el poder luego de la
elección. Lo preocupante es que la hiperinflación ya alcanza 5 meses en
Venezuela, y la expansión de la liquidez y la caída de la demanda de dinero
-causas de este fenómeno-, mantienen su ritmo devastador sin dar señales de
hacer mella en las altas esferas gubernamentales.
