No solo el desabastecimiento
de medicinas y alimentos es un indicador de la crisis. En Venezuela el turismo
nacional también cruje bajo los desmanes de la hiperinflación que desmoviliza a
los viajeros, como están comprobando, amargamente, los operadores en vísperas
de Carnaval. Quienes intentan cultivar el turismo en una nación cuyo
sustento proviene de la renta petrolera, aseguran que la actividad apenas sobrevive
gracias al “turismo de huida”.
La recesión económica
desarticula el placer de recrearse, y con él, los bienes y servicios que lo
hacen posible; todo esto se traduce en menos empresas, menos infraestructura,
menos hoteles, señalan representantes del sector turístico. Después de los
estados orientales, una de las entidades que le toma la temperatura a la
movilidad es el litoral central. Para la Cámara de Turismo de Vargas la
situación es insostenible y demanda creatividad.
José Peroza, gerente y
fundador de “Chúo Tours”, una agencia de viajes con 20 años en el mercado,
muestra sus cifras. El panorama es lúgubre. De cinco paquetes que ofrecían
anualmente para la Gran Sabana, en Bolívar, apenas lograron vender uno en 2017.
De 12 tours que solían planificar a Mérida, solo se concretaron cuatro el año
pasado. La crisis de transporte y la falta de combustible han encarecido los
traslados hacia el interior.
En la “Perla del Caribe”, la
Isla de Margarita, menos del 25% del transporte terrestre y marítimo está
operativo, según el gremio. La exigencia de insumos no es un hecho aislado en
esa región. En diciembre, la Asociación Internacional del Transporte Aéreo
(IATA), que organiza el tráfico en más de 100 países, anunció el cierre de sus
operaciones en Venezuela, una medida atribuida a la inestabilidad política y al
deterioro de la situación social y económica.
En esa ocasión, el
vicepresidente regional para las Américas de la IATA, Peter Cerdá, explicó que
el cierre, que tendrá un impacto más profuso en una economía que ha perdido 30
puntos del PIB, se materializará este 31 de enero. Al menos 18 aerolíneas de
las 24 que manejaba la IATA en 2014 se han retirado del país, lo cual ha
contraído en un 65% el tráfico internacional en una nación que es la puerta de
entrada al Caribe.
Turismo de huida
De los 72 días comerciales
aprovechables para el turismo en el país, menos del 30% resulta bueno para los
hoteleros, destaca la Cámara de Turismo de Vargas. “Más del 50% del presupuesto
de los paquetes turísticos que organizamos en nuestra agencia se va en la
movilización. Los autobuses carecen de repuestos y no hay gasolina ni gasoil”,
enfatiza Peroza. Algunos achacan la escasez de combustible a la caída de la
operatividad en Amuay y el Cardón, en Falcón, cuya producción se desplomó.
Con todo ello en contra, ha
surgido también una modalidad incipiente de turismo que, más allá de cualquier
experiencia de solaz, facilita la salida del país y procura hacerla menos
traumática: es el turismo de huida o turismo de éxodo; una expedición de
urgencia que casi siempre se inicia en Caracas y para algunos termina puertas
afuera, del otro lado de la frontera, a 841,7 km de distancia, donde inicia la
verdadera diáspora.
Desde Chúo Tours, una de las
compañías pioneras en esa modalidad, señalan que decenas de venezolanos optan
por los viajes hacia el occidente por donde sale la mayoría de quienes se
marchan vía terrestre. La agencia, que organiza dos viajes por mes hacia la
ciudad fronteriza de San Antonio del Táchira, enfatiza que 30% de sus viajeros
cruzan hacia Cúcuta para procurarse una nueva vida.
José Peroza, quien es promotor
y guía al mismo tiempo, sostiene que tres de cada 10 pasajeros toma el tour
para huir de Venezuela y el resto lo hace para comprar alimentos, medicinas,
tratamientos oncológicos o vender algunos bienes de consumo doméstico en el
vecino país. Todo ello durante un lapso de al menos siete horas. Hay quienes
también aprovechan para cambiar sus bolívares a pesos y adquirir dólares en el
mercado paralelo, en el que la moneda extranjera se cotiza por alrededor de
2.800 pesos por dólar.
“Este viaje, que brinda un
paseo por San Cristóbal, San Antonio y una breve estancia en Colombia, cuesta
un millón de bolívares por ahora e incluye dos noches de hospedaje. Movilizamos
entre 30 y 100 personas por viaje. La mayoría de quienes cruzan el Puente Simón
Bolívar, por donde se llega a pié a la nación vecina, son jóvenes, algunos con
títulos universitarios, que intentan escapar del desempleo y la violencia”,
comenta Peroza.
La crisis pasa factura
Según la firma financiera
Ecoanalítica, la inflación en el país fue de 2.735% en 2017. El Fondo Monetario
Internacional (FMI) advierte que Venezuela es el único país del mundo que cerró
2017 con una inflación anual de cuatro dígitos.
La crisis obliga a las
familias más pobres, 81,8 % de la población, dice la Encuesta de Condiciones de
Vida Venezuela (Encovi), desarrollada por las universidades Central de
Venezuela, Simón Bolívar y Católica Andrés Bello, a buscar nuevos rumbos.
Un sondeo realizado entre
noviembre y diciembre de 2017 por la encuestadora Consultores 21 arroja que al
menos 4 millones de ciudadanos se han ido del país. El estudio señala que en
29% de los 7,2 millones de hogares, según las estimaciones del Instituto
Nacional de Estadística, ha emigrado 1,97 miembros del núcleo familiar. Entre
los destinos preferidos destacan Chile, Colombia, EE.UU., Perú y España.
“El perfil de los que quieren
emigrar es fundamentalmente el de personas jóvenes, en plena edad productiva”
agrega el sondeo.
Para quienes viven del
turismo, la peregrinación de la Divina Pastora en Barquisimeto, una devoción
mariana que se venera cada 14 de enero, es el presagio de un 2018 poco
provechoso. De alrededor de 2 millones de visitantes que esperaba la ciudad
crepuscular, sólo la mitad, estiman fuentes locales, atendió el llamado.
“Es difícil saber cuánta gente
asistió, pero lo que sí podemos concluir es que las ventas cayeron en 70%”,
afirmó la comerciante Angélica Sifontes en un medio local. Aseguran que la
falta de efectivo, la inflación y el éxodo de la población les arrebató la
temporada.
Piden seguridad para extranjeros
Operadores de hoteles
reconocen que la escasez de alimentos los embiste. Humberto Martínez, miembro
de la Cámara de Turismo de Aragua, asegura que es necesario reforzar la
seguridad y la higiene, un aspecto que abarca el suministro de agua, aseo e
infraestructura. La petición del servicio destaca en un país donde 63% de los
centros de salud presentan fallas de agua, según la Encuesta de Hospitales
2017, y los médicos deben suspender los planes quirúrgicos electivos.
Esta semana el gobernador de
Nueva Esparta, Alfredo Díaz, informó que más del 70% de las reservaciones
hoteleras en Margarita han canceladas tras el asesinato de un turista brasileño
que se desplazaba por tierra hacia Venezuela. La víctima fue asaltada a tiros
en la vía entre Upata y Puerto Ordaz, en Bolívar.
Por el suceso, al cual se le
suma el robo masivo a 60 brasileros en Margarita, cuando regresaban del muelle
de La Isleta, el gobernador pidió al Ejecutivo implementar medidas de seguridad
para salvaguardar a los extranjeros.
Con los carnavales en puertas,
admiten los comerciantes del municipio Brión, uno de los más concurridos de
Miranda, es poco el provecho económico que aspiran capitalizar.
Moisés Medina, toldero de la
zona, explica en conversación telefónica que las familias han descartado sus
acostumbrados viajes a la playa para fijar su prioridad en la búsqueda de
alimentos. “La gente solo piensa en comer, irse del país y comprar medicinas”.
En las playas de Vargas y las costas de Miranda, que en otros tiempos eran los
sitios más visitados, después de Morrocoy, Anzoátegui y Margarita, la temporada
promete poco.
El dato
En agosto de 2016, una familia
de cuatro integrantes requería 15 mil bolívares, en promedio, para comer en la
playa. Hoy el costo del plato se ha incrementado en 2.000%, estiman
comerciantes. Voceros de Conseturismo aseguran que el letargo se evidencia
desde 2014, pero ha venido agravándose desde junio de 2015 y produjo sus mayores
secuelas en febrero de 2017, cuando registraron una caída drástica. La poca
oferta de servicios y el intenso plan de racionamiento que sometió a muchos
hoteles a una dieta eléctrica de nueve horas diarias, produjo un retroceso.
