Paciano Padrón | @padronpaciano /
Cuando un gobierno intencionalmente
decide hambrear a su pueblo, dejarlo sin alimentos ni medicinas en búsqueda de
su dominio político, de su sometimiento por hambre, de su sumisión por
necesidad, no estamos ante una crisis humanitaria, sino ante un genocidio, un
asesinato colectivo.
Yo, como muchos, sostuve erróneamente
que vivíamos la peor crisis humanitaria de nuestra historia republicana, y
llegué a afirmar que Maduro era un incapaz al no mitigar el
desabastecimiento. Hoy afirmo lo
contrario, Maduro -arlequín del terrorismo internacional que hoy luce “dueño”
del país- es un triunfador, Maduro ha logrado el propósito de arruinar la
economía pretendiendo someter y arrodillar por hambre al pueblo, pagándole con
el carnet de la patria, los CLAP y otras fórmulas igualmente indignas de un
pueblo libre.
La mejor demostración de que el hambre
es política y propósito del gobierno, es el rechazo a la ayuda internacional,
al auxilio humanitario que ha ofrecido el mundo entero para mitigar el hambre
de los venezolanos y frenar la muerte de niños, ancianos y adultos. La sorpresa
para los donantes es la negativa del gobierno a permitir el ingreso de
alimentos y medicinas, ya que estos alejarían el hambre. El régimen asesino y
genocida calca los mecanismos cubanos hambreadores de su población para
garantizar su permanencia en el poder. Numerosos venezolanos se escapan y van
en búsqueda de mejor vida a otros países, mientras que sobre los que quedan se
ejercen presiones para obligarlos a bajar la cabeza ante la necesidad de comer.
Cuando no está satisfecha esa necesidad primaria, no es fácil pensar en la
libertad y la democracia.
Se entiende como genocidio aquellos
actos perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo
nacional étnico, racial, político o religioso; es matanza de grupos humanos;
son lesiones graves a su integridad física o mental, sometimiento intencional a
condiciones de existencia que acarrea su destrucción. El genocidio, según la
Convención de la ONU de 1948 -ya sea cometido en tiempo de paz o en tiempos de
guerra- es un delito de Derecho
Internacional, y en consecuencia puede ser juzgado por los entes
internacionales competentes; es un crimen de lesa humanidad.
Lo peculiar de este genocidio
terrorista-comunista es que afecta a toda la población, incluyendo a humildes
venezolanos que militan todavía en el PSUV, o viven del recuerdo nostálgico de
los discursos de Chávez; afecta a todos sin distingo de raza, religión o
afinidad política, menos al cogollo del régimen y a los burgueses
castro-comunistas que viven como reyes y han robado sin límite.
El tribunal supremo de justicia (así en
minúscula) que se arrodilla ante Maduro ha rechazado, mediante sentencias
indignas, que en Venezuela exista problema de alimento o medicamento, actuando
con complicidad en este exterminio.

