La
pobreza es superable, pero resulta que a la vez es el gran negocio de
los populistas y una casta que se acostumbró a los privilegios del poder
y sus alrededores; la desgracia es que para ellos no hay que superarla,
pues de ella viven. A quien primero corrompe el poder es a quienes lo
detentan, pero luego también a más de uno por ahí: quien se acostumbra a
privilegios difícilmente va a aceptar perderlos. Esto tampoco lo
inventaron los chavistas, pero como tienen una mentalidad mágica, se
creyeron que basta con desear acabar las injusticias, aunque no sepan
qué quieren decir con esto, para inmunizarse contra su propia
corrupción. Se equivocaron también en esto. O, si usted prefiere,
engañaron a sus seguidores también en esto.
El
chavismo tiene una mentalidad de secta religiosa, primitiva, tribal.
Esta mentalidad de “rodilla en tierra” se adecua perfectamente a quien
quiere soluciones fáciles y, sobre todo, a quien se niega a ver la
realidad y pensarla críticamente. Conviene a quien pretende dominar por
el miedo y el complejo de inferioridad, por eso jamás aceptarán alguna
responsabilidad, ya que eso implicaría una actitud ajena a una
mentalidad infantil, con el perdón de los niños, pues no merecen esta
comparación. La gran verdad es que los engaños y sus caretas van
cayendo. Las ideas de patria, guerra económica e imperialismo no
solamente ya estaban gastadas, sino que hoy ningún venezolano
honestamente las cree; solo sirven para que algún publicista vivo
facture su pésima propaganda.
Esos
supuestos conceptos no responden a ninguna filosofía ni teoría
económica, son despojos, basura mental. Para esto no hace falta entender
demasiado y mucho menos estudiar economía. Si usted quiere saber qué
significa “patria” para el chavismo, camine por las calles de Venezuela.
Si quiere saber que es la “guerra económica”, observe el chantaje de la
bolsa clap. SI quiere ver qué es “imperialismo” pregúntele al gobierno
cubano y verá. La pobreza es superable, sí, pero exige que aprendamos la
lección.
