I
"Yo sabía que no debían agradarle a Vd. las
observaciones que le hice; tampoco me agradaban a mí y ésta fue la razón porque
no las había hecho antes. Pero al fin, el que gobierna una gran familia tiene
que pasar por todo, sea agradable o no. Vd. no debe incomodarse porque le digan
el dictamen de los otros; a mí me lo dicen todos los días y no me incomodo,
porque el que manda debe oír aunque sean las más duras verdades y, después de
oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que producen los
errores. Todos los moralistas y filósofos aconsejan a los príncipes que
consulten a sus vasallos prudentes y que sigan sus consejos; con cuánta más
razón no será indispensable hacerlo en un gobierno democrático en que la
voluntad del pueblo coloca sus jefes a la cabeza para que le hagan el mayor
bien posible y no le hagan el menor mal. Un pueblo soberano, ha dicho
Montesquieu, es un caballo indómito que muy pronto derriba su jinete. Es muy
difícil dar gusto a muchos y mucho más cuando la República está rodeada de
males e inconvenientes". Carta a Páez, 19 de Abril de 1820.
Símbolo de unidad, después de muerto
Antonio Guzmán
Blanco inició en Venezuela el culto a la imagen y pensamiento de El Libertador,
al principio utilizándolo como un elemento aglutinante de la nacionalidad en un
país que según sus propias palabras “era como un cuero seco, que lo pisaban por
un lado y se levantaba por el otro”, y de esa manera se constituyó Bolívar en
un símbolo de unidad del gentilicio venezolano, por ello es peligroso usar su
nombre para banderías partidistas, porque de ser una lealtad común de los
venezolanos pasaría a constituirse en un foco de perturbación social, como en
los remotos tiempos de su propuesta política que dividió a Colombia entre
liberales y conservadores irreconciliables. Es sumamente delicado asumir
ingenuamente el pensamiento político de Bolívar, confundiendo las citas
extraídas de su copiosa correspondencia, con su ideario político, imposible de considerar
en una República moderna.
De la aclamación al
odio
Cuatro documentos
singulares reflejan el pensamiento político de Bolívar, el Manifiesto de
Cartagena, que funge de fichero organizacional de su discurso futuro; la Carta
de Jamaica, que nos evidencia un hombre maduro con absoluta conocimiento de sus
objetivos y de intensa visión política; el Discurso ante el Congreso de
Angostura, que significa un compendio de su ejercicio intelectual que sienta
las bases para la constitución del Estado, y que va a dar paso al estadista que
se perfilará definitivamente en su mensaje al Congreso de Bolivia presentando
su segundo proyecto de Constitución, cuarto y final documento que descubre las
contradicciones con su teórico ideario político, sustentado hasta
entonces, justificadas por la cabal comprensión de la realidad de los
pueblos libertados por su genio, desencadenando la oposición que devasta su
obra militar. Por ello algunos historiadores separan al Bolívar Héroe
Suramericano del Bolívar político, estableciendo la frontera en 1824, año de la
Batalla de Ayacucho. De allí en adelante se rasga el velo de la
reverencia y Bolívar se inserta en la lucha de poderes que lo llevara al
destierro, al odio, a la muerte y al olvido por casi cincuenta años. En
el amargo desengaño de sus días finales llegó a exclamar: ¨Estoy viejo,
enfermo, cansado, desengañado, afligido, calumniado y mal pagado. (...) Durante
estos últimos días me he arrepentido hasta de los (levantamientos) que
emprendimos contra los españoles¨. Y después de haber pasado su vida llenado
páginas enteras exaltando las virtudes americanas, culmina su existencia
política con esta triste premonición: ¨La América es ingobernable. Los que han
servido a la revolución han arado en el mar. La única cosa que se puede hacer
en América es emigrar. Estos países
caerán infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a
los tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas, devorados por
los crímenes y extinguidos por la ferocidad. Los europeos tal vez no se dignarán conquistarlos. Si fuera posible
que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último
período de América¨. Más amargura, imposible. Y mayor capacidad
perceptiva no se encuentra en ninguno de los líderes de su época. La
Venezuela actual, desgraciadamente, es el ejemplo más conspicuo.
Bolívar era
centralista, el federalismo es antibolivariano
En 1812 llega
exiliado a Cartagena y redacta un largo memorial que dirige a los ciudadanos de
la Nueva Granada analizando las causas que influyeron en el desastre militar y
político de Venezuela en su fallido intento de separación de España; en
este documento no duda en denunciar como una de las causas de la pérdida de la
Primera República, el que el Congreso de 1811 hubiera adoptado una forma de
gobierno federal para Venezuela, aun conociendo que en la Nueva Granada esa era
la forma de gobierno imperante y que esto le traería enemigos políticos:
“...Pero lo que debilitó más el Gobierno de Venezuela fue la forma federal que
adoptó, siguiendo las máximas exageradas de los derechos del hombre, que
autorizándolo para que se rija por sí mismo, rompe los pactos sociales y
constituye a las naciones en anarquía. Tal era el verdadero estado de la
Confederación. Cada provincia se gobernaba independientemente; y a ejemplo de
éstas, cada ciudad pretendía iguales facultades alegando la práctica de
aquéllas, y la teoría de que todos los hombres y todos los pueblos gozan de la
prerrogativa de instituir a su antojo el gobierno que les acomode. El sistema
federal, bien que sea el más perfecto y más capaz de proporcionar la felicidad
humana en sociedad, es, no obstante, el más opuesto a los intereses de nuestros
nacientes estados”.
Opinaba que el
pueblo carecía de virtudes federales
“Generalmente
hablando, todavía nuestros conciudadanos no se hallan en aptitud de ejercer por
sí mismos y ampliamente sus derechos; porque carecen de las virtudes políticas
que caracterizan al verdadero republicano; virtudes que no se adquieren en los
gobiernos absolutos, en donde se desconocen los derechos y los deberes del
ciudadano. Por otra parte, ¿qué país del mundo, por morigerado y republicano
que sea, podrá, en medio de las facciones intestinas y de una guerra exterior,
regirse por un gobierno tan complicado y débil como el federal? No es posible
conservarlo en el tumulto de los combates y de los partidos. Es preciso que el
Gobierno se identifique, por decirlo así, el carácter de las circunstancias, de
los tiempos y de los hombres que lo rodean. Si éstos son prósperos y serenos,
él debe ser dulce y protector; pero si con calamitosos y turbulentos, él debe
mostrarse terrible y armarse de una firmeza igual a los peligros, sin atender a
las leyes, ni constituciones, ínterin no se restablece la felicidad y la paz”.
Este delicado concepto de Bolívar debe entenderse en el marco específico de su
momento histórico, estábamos en guerra con una potencia extranjera, por lo
tanto era pueril someter al gobierno a la estructura institucional, pero en la
paz es fundamental su obediencia. Algunos dictadores han justificado su
violación al Estado de Derecho con la errónea o interesada invocación a esta
conclusión bolivariana.
La soberanía del pueblo no es ilimitada
Tulcán, 31 de
diciembre de 1822
Al Excmo. señor
Vicepresidente de la República.
Tengo el honor de
dirigir a V. E. la nota de mi felicitación al Congreso General que he creído de
mi deber hacer en momentos en que ya lo supongo reunido. La nación espera las
más grandes ventajas del congreso que debe necesariamente dictar aquellas
mejoras que el pueblo desea para el complemento de su prosperidad, pero no me
puedo persuadir que los legisladores se dejen llevar del espíritu de innovación
que ha cundido en esa capital. V. E. sabe, y Colombia entera lo sabe también, que
yo he consagrado mi vida a la integridad de Colombia, a su libertad y a su
dicha. Mi política ha sido siempre por la estabilidad, por la fuerza y por la
verdadera libertad. El Congreso de Guayana oyó mi dictamen sobre gobierno, y
siguió una parte de mis opiniones: el de Cúcuta hizo otro tanto; y V. E. sabe
que por docilidad y obediencia juré la constitución y me constituí su garante.
Esta constitución es inalterable por diez años, y pudiera serlo, según el Contrato
Social, del primer republicano del mundo, pudiera serlo, digo, inalterable
por una generación entera, porque una generación puede constituirse por su
vida. La soberanía del pueblo no es
ilimitada, porque la justicia es su base y la utilidad perfecta le pone
término. Esta doctrina es del apóstol constitucional del día. ¿De dónde
pueden creerse autorizados los representantes del pueblo a cambiar
constantemente la organización social? ¿Cuál será entonces el fundamento de los
derechos, de las propiedades, del honor, de la vida de los ciudadanos? Valdría
más vivir bajo el feroz despotismo, pues al fin el sagrado del hombre tendría
algún apoyo en el poder mismo que lo oprime. Yo, Excmo. señor, me creo
autorizado a instar al poder ejecutivo para que haga los esfuerzos más eficaces
a efecto de procurar que la actual legislatura no altere en nada al código
fundamental de Colombia. Yo declaro, por mi parte, que ligado por un juramento
a este código, no debo obedecer a ninguna ley que lo vulnere y viole: que mi
resolución es separarme de Colombia antes de dar asenso a las leyes que
aniquilen la obra maravillosa del ejército libertador. Por estas
consideraciones y muchas otras, suplico a V. E. presente al Congreso General,
oportunamente y cuando las circunstancias imperiosas lo exijan, mi protesta
solemne de no reconocer durante mi presidencia acto ninguno del Congreso que
revoque, altere o modifique las leyes fundamentales de la República de
Colombia. Soy de V. E., con la más alta consideración, su atento servidor”.
Continuará.

