El evangelio de este domingo nos
presenta a Jesús saliendo de la sinagoga de Cafarnaúm, donde predicaba la Buena
Nueva del evangelio, mucha gente le seguía, su fama iba creciendo y al salir de
la sinagoga fue a la casa de Simón y Andrés: la suegra de Simón estaba enferma,
le pidieron que la curara y Jesús la sanó, le dio la mano y la levantó de la
cama y ella se puso a servirles. Aquí podemos ver como Jesús no tiene ningún
reparo de curar en sábado y mucho menos de curar a una mujer, a la que toca y
la levanta de su enfermedad. La ley judía prohibía realizar cualquier trabajo o
acción en sábado y Jesús aquí muestra la misericordia de Dios que se acerca al
ser humano para sanarlo en su cuerpo y en su espíritu; para liberarlo de
aquello que lo mantiene postrado. Vemos también, en esta primera parte del
texto del evangelio de hoy, como le piden a Jesús que sane a la suegra de
Simón, a quien Jesús llamará después Pedro y dejará como jefe visible de su
Iglesia. Es la oración de intercesión, de súplica ante Dios que escucha a sus
hijos que le piden y suplican con fe. Aquí hay una enseñanza para nosotros,
necesitamos orar, interceder ante Cristo Jesús por tantas necesidades
personales, familiares y del mundo entero. Dios quiere que sus hijos se
acerquen a Él con fe y confianza. Jesús iba predicando por todos los pueblos de
Galilea, en las sinagogas, en medio de las multitudes para suscitar en ellos la
fe y la confianza en Dios Padre que nos ama y atiende nuestras necesidades
espirituales y materiales.
La gente viendo el poder divino
de Jesús, su forma de hablar y actuar, le presentaban muchos enfermos y
endemoniados; se los presentaban de noche, después que pasara la prescripción
del sábado, porque estaba temerosos del juicio de los escribas y fariseos y
Jesús los sanaba y liberaba del mal y despertaba la fe en aquellas personas que
acudían a Él y salían alabando a Dios Padre por los milagros y bendiciones
recibidas. Jesús no dejaba de trabajar por extender y manifestar al mundo el
Reino de Dios; así enseba a sus discípulos, a los que luego va a enviar por
todas partes como apóstoles; que es necesario predicar y anunciar el evangelio
de salvación, que muchos más se acerquen a Dios. Les enseñaba que Dios tiene
poder para vencer y someter al mal que quiere apartar al ser humano de Dios.
Jesús combinaba su trabajo
apostólico con la oración, con la intimidad que tenía con Dios Padre; por eso,
en la madrugada, antes del amanecer, iba a solas a orar, a ponerse en las manos
de su Padre y después salía a anunciar la Buena Nueva, consolar, sanar, liberar
y acercar muchos corazones a Dios, que estaban apartados por el pecado. Los
cristianos católicos necesitamos entender y aprender de nuestro Maestro y Señor
que oración y misión, vida espiritual y servicio, intimidad con Dios y apostolado
van de la mano. Para no predicarnos a nosotros mismos, para que podamos lograr
frutos, para que recobremos fuerzas en el cansancio, para que podamos tener
ánimo y alegría de predicar el evangelio es necesario orar y buscar espacios
durante el día para estar a solas con Dios y descansar en Él.
Jesús enseñó a sus discípulos que
lo buscaban cuando se apartaba a orar, la importancia de la oración, pero
también de la misión; de salir por todas partes, a otros lugares a llevar el
evangelio, a suscitar y despertar la fe en los corazones de los seres humanos
que se ven sumergidos en la desesperanza, el pesimismo, la soledad y el vacío
existencial. Los cristianos católicos necesitamos tomar conciencia que desde el
bautismo somos misioneros y que debemos salir a evangelizar para que muchas
personas se acerquen a Dios y reciban de Él bendiciones y la trasformación de
sus vidas. Un cristiano que no ora ni evangeliza, no ha entendido ni meditado
en la vida y obra de Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Levantémonos como la
suegra de Pedro y salgamos a servir a los hermanos y traerlos a la Eucaristía,
centro y culmen de nuestra fe cristiana católica y de la Eucaristía salgamos a
llevar la Buena Nueva del evangelio, dando testimonio de Iglesia, de comunidad
de fe que sale al encuentro de los hermanos.
IDA Y RETORNO: Pidamos al Señor
que avive en nosotros la fe, la esperanza y el amor.

