Por: Paciano Padrón | @padronpaciano /
Hay seres que en
un momento dado se convierten en figura con una significación convencional, en
emblema, en blasón de una idea o meta. Enrique Aristeguieta Gramcko es símbolo
de democracia y de lucha por su instauración. Hace ahora exactamente 60 años
amaneció más temprano, era el 23 de enero de 1958, cuando huyó en horas de la
madrugada el dictador Pérez Jiménez, escapando del rechazo general, de la
acción conjunta de pueblo y militares en búsqueda de la libertad. Allí estaba
Enrique a la cabeza, con sus 24 años de edad, miembro de la Junta Patriótica.
Hoy, seis décadas luego, el anciano de 84 desafía al régimen dictatorial y
sigue luchando, convertido en alegoría, en efigie de resistencia y democracia.
La Junta
Patriótica creada clandestinamente en junio de 1957, tenía representantes de los cuatro partidos
políticos, siendo sus líderes fundamentales Fabrizio Ojeda, de URD; Gonzalo
García Ponce, por el PCV; Gilberto Ortiz Bucarán, de AD, y el joven copeyano Enrique
Aristeguieta Gramcko, actualmente el único sobreviviente de la Junta.
Circulaban manifiestos y proclamas, organizaban cuadros civiles y militares, y
se opusieron radicalmente al plebiscito convocado por la dictadura, para obviar
las elecciones presidenciales y permitirle al general Marco Evangelista Pérez
Jiménez cinco años más de gobierno. La Junta Patriótica se opuso al plebiscito por
inconstitucional y por falta de garantías electorales. Se convocan paros y
huelgas, manifestaciones y mítines relámpagos. Se calienta la calle y la calle
no calla hasta que cayó el dictador.
Cuando hace pocos
días el narcotraficante régimen de Venezuela ordenó la detención de Enrique,
cometió un gravísimo error en contra de su interés continuista, producto del
desespero de quien siente el tiempo vencido y los santos de espaldas, de quien
sabe que ya el pueblo no lo quiere. La reacción llegó de inmediato, desde todos
los rincones de Venezuela y desde el escenario internacional, se protestó el
atropello contra el anciano luchador, y los gritos de libertad se alzaron con
tal fuerza, que pronto debieron soltarlo.
Pretendió Maduro
silenciar a Enrique y ahora Enrique habla con voz más recia, con respaldo
nacional e internacional, voz que debemos escuchar.
Cuando Aristeguieta
Gramcko narró su detención, reveló que mientras estuvo en el Helicoide palpó “lo
que sienten en su corazón unos funcionarios policiales y judiciales, que
rechazan estas prácticas totalitarias. Ellos también quieren un cambio, desean
ser liberados de este yugo junto a sus familiares, que sufren las mismas
penurias que todos nosotros”.
Enrique insistió
con argumentos sobre la farsa que significa la elección inconstitucionalmente
convocada por la anc, y que no es sino un fraude para perpetrar la tiranía. La
historia se repite, es el mismo fraude del plebiscito de Pérez Jiménez de hace
60 años, pretendiendo atornillarse. Enrique seguirá llamando a la abstención,
“llamar a no votar no es un delito, es un recurso que tiene el ciudadano” ante
un CNE que funciona como ministerio de elecciones del régimen, el mismo que
hace unos meses, en chimbas elecciones de la anc, multiplicó por cuatro los
resultados, y a los dos millones de votos que logró sumar el régimen, lo cuadruplicó
para proclamar que los chimbos diputados habían sido electos por ocho millones
de compatriotas.
Luego de 19 años
cumplidos, es hora de apretar contra el régimen, de levantar el ánimo y la
esperanza. Que nadie más diga que no se puede. El régimen hoy lo sostiene, en
lo fundamental, nuestra incoherencia como opositores. Debemos canalizar la
ayuda mundial que cada vez está más presta ante el peligro del terrorismo internacional
y el narcotráfico que controlan a Venezuela desde La Habana, con injerencia de una
coalición del terror en la que participan varios países y organizaciones
proscritas. Apretemos el paso. Enrique Aristeguieta Gramcko es un buen baqueano
que puede ayudarnos en la búsqueda del sendero de la libertad y la democracia.

