Por: Miguel Aponte @DoublePlusUT /
Frente a la crítica, caótica, desgraciada, situación del
país. Frente a las expectativas, cada vez peores, toda vez que el régimen es
incapaz de toda credibilidad, incluso si quisiera hacer las cosas bien y
hablamos de materia económica. Dado que sólo atina a proponer fórmulas
imaginarias para resolver problemas reales: el petro es la última, pero antes,
la renegociación de la deuda, la cesta de divisas. Problemas reales que
requieren, como todo problema, acciones reales y no mágicas. Frente a un
régimen que es capaz de cualquier cosa buscando correr su arruga para alcanzar
una sola meta psicótica: mantenerse en el poder. Frente a todo esto, las
posibilidades de la oposición democrática son infinitas.
No existe oposición en el mundo entero que enfrente un gobierno
más desprestigiado e ineficiente que el chavista. La situación es tal que no se
trata ya de saber cuál sería la estrategia, sino de cómo llevarla a cabo. Y,
eso sí, hay una sola condición: la unidad. ¿Cómo es que el liderazgo opositor
no puede entender esto y llevar a cabo lo único que se le exige: que se
unifique frente al régimen? La discusión acerca de si es pertinente ir a
elecciones o no, es el último ejemplo a la mano. No es que una estrategia sería
correcta y la otra no; la correcta es la que sigamos todos, porque solamente de
esa manera tendrá la contundencia requerida para triunfar.
Si el régimen va solo a elecciones bufas, se desprestigia; y
si la oposición participa masivamente está perdido también, punto. Porque si
reconoce, se va y si no lo hace, se hunde aún más. En esto, solo condiciones
claras deben exigirse. Lo único que permitiría al régimen correr la arruga es
que en cualquier estrategia la oposición vaya desunida y, peor, que se atreva a
reconocer las estructuras ilegítimas que inventa el régimen, cuando su deber es
denunciarlas abiertamente. La verdad es que la oposición fracasa únicamente
porque no actúa como se le exige: con una sola voz, concentrándose en la tarea
y no sus egos.

