Si en algo coinciden Nicolás Maduro y
Rafael Ramírez, en la guerra de mutuas acusaciones y denuncias, es que Pdvsa
está destrozada. Y ambos tienen razón. Lo está. La otrora gran corporación
petrolera venezolana de escala global, una de las más importantes del mundo, es
un carapacho arruinado, que va palo abajo, que está endeudada hasta el tope,
que se la ha caído la capacidad de producción, que tiene que importar gasolina,
en suma que está vuelta leña, para no usar otra palabra, por respeto a los
lectores.
¿Y quienes son los responsables de
semejante descalabro? En primer lugar el predecesor de Maduro, sin duda, pero tanto
éste como Ramírez también son responsables principales de haber destrozado a
Pdvsa. Cada uno da sus razones propias para inculpar al otro del destrozo, pero
esas razones no son excluyentes sino complementarias. Ramírez fue presidente de
Pdvsa por más de una década, y Maduro lleva, también, más de una década como
canciller de Chávez y luego como su sucesor. Ninguno puede decir “yo no fui”, y
si lo dicen, nadie les puede creer.
La pelea es implacable. Maduro dice
horrores de Ramírez y éste le replica con horrores parecidos. El núcleo de esos
horrores no es la improvisación o la falta de capacidad. No. Es la extrema
corrupción. Maduro alega que Ramírez saqueó a Pdvsa y éste le responde que el
saqueador es Maduro. ¿Quién tiene la razón?, como se titula un conocido
programa de televisión. La impresión general es que los dos tienen la razón,
vale decir la responsabilidad dolosa. Cartas van y vienen, declaraciones se
formulan y reiteran, y mientras más se sacan los trapitos al sol, más claro va
quedando el panorama desolador del destrozo a Pdvsa.
Y no se trata de la única litis trabada
en el seno del oficialismo, pero sí, por los momentos, la más notoria, pública
y comunicacional. Otros incordios han sido manejados con disimulo, pero éste ya
desbordó los cauces típicos de las procesiones que van por dentro. La
información que Maduro –y sus patronos cubanos, deben tener sobre Ramírez
seguramente será exhaustiva.
Y los expedientes de Ramírez sobre
Maduro y los suyos deben estar bien documentados. Después de todo, no estamos
ante una pelea inesperada. Se veía venir desde hace tiempo y las actuaciones de
la Fiscalía apuntaban en esa dirección.
Maduro y Ramírez en algún momento
deberán responder ante la justicia, interna o externa, por el destrozo de
Pdvsa. Y justo en plena bonanza petrolera. En esta materia, Maduro y Ramírez
son como los dos ligaditos.

